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Blog de Cine

‘Wall Street: Money Never Sleeps’ de Oliver Stone, teaser tráiler

Jan 29th, 2010 | By Alberto Abuín | Category: Blog de Cine

Después de que su ‘W.’ pasase inadvertido en casi todo el mundo —en nuestro país se estrenó directamente en televisión—, Oliver Stone ha decidido volver por primera vez en su carrera con una secuela. ‘Wall Street: Money Never Sleeps’ es la continuación del famoso film de 1987 que le proporcionó a Michael Douglas su único Oscar como actor —imperdonable que su padre no tenga ninguno—, uno de esos personajes caramelo a los que es imposible resistirse. Ahora Douglas recupera su rol de Gordon Gekko, que tras 14 años en la cárcel se encuentra con Jacob Moore, el novio de su hija, a quien ayudará a salvar su empresa, lo que le pondrá de nuevo en la primera línea de guerra con los tiburones de Wall Street.

El chaval de moda en Hollywood —descubrimiento de Steven Spielberg— Shia LaBeouf, interpreta a Jacob, y el resto del reparto incluye a Frank Langella, Susan Sarandon, Josh Brolin —cada día que pasa se parece más a Nick Nolte—, Carey Mulligan, y Charlie Sheen en un cameo. En estos tiempos de crisis, Stone vuelve a meter el dedo en la llaga realizando una película sobre la economía. Ya veremos si Stone logra llamar tanto la atención como en los tiempos de ‘Platoon’ (1986) o ‘J.F.K.’ (1991), o si por el contrario pocos le harán caso, como en sus últimas incursiones cinematográficas.

El estreno de ‘Wall Street: Money Never Sleeps’ en los USA será el próximo 23 de abril.

Vía | Trailer Addict



‘Invictus’: Mandela, el rugby y el mensaje políticamente correcto

Jan 29th, 2010 | By Jesús León | Category: Blog de Cine

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Mucho se espera siempre cuando Clint Eastwood se pone al frente de la realización de cualquier producción. Si se cuenta con un texto muy cinematográfico (‘El factor humano’ de John Carlin), unos actores entregados (especialmente su protagonista, verdadero artífice del film) y una experiencia dilatada y solvente, uno espera siempre lo mejor. Y lo cierto es que Eastwood demuestra en ‘Invictus’ que es un gran narrador. Construye una película bien contada de principio a fin. Aunque, parece que en esta ocasión se ablandó demasiado (la edad no debería ser la excusa tras ‘Gran Torino), y no tomó el pulso con la suficiente fuerza para imponer su estilo y profundizar en este relato sobre el cambio político y social de Sudáfrica.

Un impresionante Morgan Freeman, en uno de esos papeles que huelen a Oscar y un correcto Matt Damon, no son suficientes argumentos para alcanzar la brillantez que hasta ahora nos tenía acostumbrados Eastwood. Eso sí, la película entretiene y, en algunos momentos de brillantez, emociona.

Lo más elogiable del film, tras pasar de soslayo, de puntillas y sin mirar a los lados por un tema que hubiese dado (y quizás lo necesitaba) para mucho más, es el enorme trabajo de Freeman. Un actor veterano, curtido y parece que muy inspirado, que ha volcado todo su talento (y esfuerzo durante años en conseguir llevar a su personaje al cine) en convertirse en un verdadero y creíble Nelson Mandela. De hecho, ‘Invictus’ es casi sólo eso: Mandela/Freeman. Una película construida para el lucimiento del actor, que acaba siendo la personalidad que más sobresale. Algo que no debería sorprender pero que sí lo hace cuando detrás de las cámaras está nada menos que Clint Eastwood.

Un Nelson Mandela que, tras ser liberado de su larga reclusión política en la cárcel, se hace con el poder de Sudáfrica en un momento en el que la separación entre blancos y negros, es total y peligrosa. Su único objetivo es lograr una cohesión pacífica, una unión social que se intuye casi imposible pero que, gracias a su habilidad y su saber ganarse a los demás, intenta conseguir gracias al deporte. Y en concreto a los Springboks, que es como se conoce a la selección nacional sudafricana de rugby.

Con la responsabilidad de celebrar el mundial de naciones, Mandela encuentra en la pasión por el deporte el camino épico para que el pueblo recupere la ilusión y se limen las asperezas. Para ello, cuenta con la inestimable ayuda del capitán de la selección, interpretada por Matt Damon, al que le insufla el valor de la victoria como verdadero camino para lograr esa esperada unión.

Sobresaliente, como digo, el trabajo de Freeman, que se transforma con brillantez el Mandela: gestos, movimientos, dicción… algo tan exquisitamente trabajado que resulta una gran opción para el Oscar (y también por interpretar a un personaje tan entrañable, todo un Premio Nóbel de la Paz).

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Falta de profundidad

Sin embargo, a pesar de que la realización no resulta especialmente fácil y que Eastwood la maneja con soltura (sobresaliente el trabajo en las escenas de los partidos, plenas de emoción incluso aunque no guste el rugby), se echa en falta una mayor profundidad dramática. Resulta todo demasiado plano, con el único objetivo de contar la historia pero dejando, de forma demasiado obvia, muchos flecos que no interesa incluir. Esa tensa relación entre blancos y negros tras el Apartheid queda retratada demasiado artificialmente, dejándonos tan sólo verlo a través de los miembros de la seguridad personal de Mandela, que tienen que compartir entre ambas razas. Y queda tan descafeinado y casi infantil que no convence, algo que también ocurre con sus personajes, cuya falta de conflicto interno queda patente.

Y es cuando uno echa de menos la acidez, la fuerza y el carisma que Eastwood demuestra en ‘Gran Torino’, donde precisamente las diferencias entre razas está mucho mejor retratada. En ‘Invictus’ Eastwood se relaja y se dedica a contar la historia sin complicaciones, y dándole a Morgan Freeman todo el lucimiento posible.



‘Moonboy’, el niño que quería cambiar el mundo

Jan 29th, 2010 | By Adrián Massanet | Category: Blog de Cine

Interesante cortometraje de animación, dirigido por Adam Calfee, que nos muestra a un niño abrumado por la realidad del mundo en el que vivimos, que en realidad es el peor imaginable, muchas veces. Una indagación lírica en las posiblidades de cambiar el mundo…o simplemente en huir de él porque no hay salvación posible. En ese sentido todos somos niños abandonados por nuestros padres. También puede verse como la constatación de que estamos en una sociedad infantilizada, incapaz de enfrentarse a ningún problema.

Una estilizada factura para un corto muy recomendable.

Vía | Moreframes



‘Up in the Air’ de Jason Reitman | ¿Qué hay en tu mochila?

Jan 29th, 2010 | By Juan Luis Caviaro | Category: Blog de Cine

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Voy a empezar esta vez por lo que diría al final: hay que ir a ver ‘Up in the Air’. Os lo dice alguien que cree que la película está muy lejos de ser perfecta, que ha visto importantes defectos en ella y que considera que Jason Reitman da un patinazo adoctrinando al público. ¿Por qué? Porque en ‘Up in the Air’ hay tres ingredientes que a mí me parecen fundamentales, y no los suelo encontrar normalmente cuando voy al cine. Son éstos: excelentes interpretaciones, un puñado de grandes escenas y (quizá lo más importante) la capacidad de generar una reflexión sobre el tema más relevante de todos: ¿qué quieres en tu vida?

La película ‘Up in the Air’ se basa en el libro de ficción homónimo escrito por Walter Kirn sobre Ryan Bingham, un “experto en despidos”, un tipo que vive en el aire, viajando constantemente de un lado para otro, sin casa, sin propiedades y sin relaciones estables; y lo disfruta. Jason Reitman ha dicho que en un principio le interesó la profesión y la filosofía de vida descrita por Kirn, y que quiso humanizar al personaje (léase hacerlo contradictorio). Luego se lo pensó mejor (pensar mucho es una buena receta para crear mejores historias) y empezó a añadir elementos y personajes, hasta dar con un elaborado guión en el que recibió la ayuda de Sheldon Turner. De este modo, su ‘Up in the Air’ ya no hablaba de una persona y su forma de vida, sino de muchas personas, de sus formas de vida y del sentido que intentan darle.

Reitman debutó en el cine en 2006 con la aplaudida ‘Gracias por fumar’, una estupenda comedia con muy mala uva en la que brillaba el actor Aaron Eckhart, interpretando a Nick Naylor, un profesional de la persuasión. El eje central de la trama consistía en que este hombre, solitario y de vida aparentemente perfecta, tenía que realizar un viaje con su hijo; por supuesto, durante el tiempo que estaban juntos, hablaban sobre su trabajo y su forma de ver la vida. Este esquema, muy útil (porque puedes mover a tu personaje y enfrentarlo a múltiples situaciones), lo vuelve a repetir el cineasta en su nuevo largometraje, de ahí que por ejemplo mi compañera Beatriz la haya calificado como la hermana menor de ‘Gracias por fumar’.

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No veo que ‘Up in the Air’ sea inferior al primer trabajo de Reitman, y es que a pesar de que sus engranajes argumentales se parecen, son películas muy diferentes. El tono es totalmente distinto. Mientras que su ópera prima es ácida, desvergonzada y gamberra, juega a golpear y salir corriendo, su última película es más seria, adulta y triste, es una película de alguien que pasa de lucirse y trata de crear un discurso contundente y razonado sobre temas importantes. La cuestión es si lo consigue o no, y creo que esto dependerá bastante de cada espectador y su situación concreta al ver el film. Creo que Reitman es un tipo muy inteligente, tiene talento y ambición, pero no es todavía ese gran autor y cineasta que debe pensar que es; algo a lo que seguro habrá contribuido la prensa norteamericana, que se derrite con él, y los premios recibidos por su anterior trabajo, ‘Juno’, que estaba lejos de ser esa grandiosa película que nos vendieron.

Dicho con otras palabras, aunque se agradece el intento, Reitman no debería pretender dar lecciones sobre la vida a los demás. Y eso es lo que llega a hacer en ‘Up in the Air’. Durante un primer tramo deja que sea Ryan Bingham, el personaje de la novela de Kirn, quien tome las riendas, quien hable y quien se meta al público en el bolsillo (de un modo similar a como lo hacía Nick Naylor). Pero poco a poco Reitman le va complicando la vida a este hombre y es cuando empieza a mostrar sus cartas, a dejar caer su forma de ver las cosas, especialmente con el retrato de las dos mujeres que más tiempo acompañan a Bingham (la veinteañera y la casi cuarentona). Y en el último tramo es donde se revela el pastel (tranquilos, no voy a contar nada), donde Bingham se desmonta y pasa a ser Reitman, aleccionando al público. De ahí que se alternen momentos muy buenos, de auténtico cine, con otros lamentables, de completo charlatán.

Reflexión, equilibrio y contrariedades

No creo en eso de las películas perfectas. Todas, hasta los grandes clásicos, tienen defectos, porque son parte de un proceso que dura bastante tiempo, con muchas fases, en el que están implicadas muchas personas, así que en cierto modo es como un milagro que salgan bien. Pero evidentemente el talento de quienes las hacen queda impreso, y la habilidad de los narradores queda patente, de ahí que podamos pasar por encima de los puntos débiles y disfrutemos la película, en su conjunto. Haciendo balance, los aciertos de ‘Up in the Air’ pesan más que los errores. Mucho más. Sigo pensando que, por más que me guste ver cine palomitero, de acción y efectos especiales, no hay nada como un buena historia humana, apoyada en el trabajo de los actores, pareciendo que no hay cámara ni artificios, que estamos contemplando algo verdadero.

¿Cuántas veces vemos una película y podemos decir “me encantaría que ese personaje existiera para poder hablar con él”? Bueno, aquí pasa eso, y no sólo con el protagonista. Pero al César lo que es del César, George Clooney está fantástico. Aprovecha el estupendo personaje que es Bingham para desarrollarlo y darle vida, hacerlo creíble, de carne y hueso. El suyo es un personaje de los que no se escriben a menudo (en el cine), con personalidad, estilo y discurso; con su forma de hacer las cosas. Aunque luego se equivoque. En este sentido, podemos discutir si su evolución durante la película es más o menos forzada, pero repito, al final lo que importa es que el bloque funciona, a pesar de que pensemos que había mejores maneras de arreglar determinadas cuestiones. Vera Farmiga también está espléndida, tremendamente atractiva, en un personaje que normalmente suele estar representado de forma muy simplista en la gran pantalla. J.K. Simmons o Zach Galifianakis también intervienen en el film, en cameos que enriquecen la película; se ve que Reitman tiene amigos.

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Para mí, la gran sorpresa es Anna Kendrick en el papel de Natalie, una joven brillante que sigue con rigidez lo que cree que está bien, pero en el fondo es una mujer débil e insegura. Con un impresionante expediente y grandes ideas, Natalie llega a la empresa donde trabaja Bingham para poner patas arriba su cómodo mundo. Éste argumenta que es muy inexperta para entender de qué va la profesión (la vida) en la que se ha metido, y su jefe (un estupendo Jason Bateman) le propone que lo demuestre, así que Bingham se lleva a la chica de viaje para que aprenda cómo es de verdad el negocio (la vida). Desde que están juntos, la película aumenta en interés. La diferencia de personalidades y de formas de ver el mundo, el contraste entre estos dos personajes permite profundizar en los temas de la película y la hace más entretenida. Con el tiempo, los dos aprenden un poco el uno del otro, fracturándose esa apariencia de sólida seguridad con la que iniciaron el viaje. Algo que me encanta del guión de Reitman y Turner es la debilidad interior de los personajes, sus contradicciones y sus autoengaños (la conversación sobre la madurez y la “vida real” es muy significativa), lo que los hace más humanos y creíbles.

Podemos, y debemos, criticar el excesivo subrayado que Reitman hace en el tramo final, su desacierto a la hora de encajar mejor la problemática de los despidos en la trama personal de los protagonistas, o escenas concretas donde el guión flaquea (la escena conflictiva de Danny McBride se resuelve de forma muy mecánica), pero pienso que ante todo hay que valorar el trabajo de los actores, los momentos de gran cine (la secuencia del despido por videoconferencia) y la intención de contar algo trascendente, que nos haga reflexionar sobre nuestras propias decisiones vitales. Para concluir, os dejo el primer tráiler de la película, una joyita de dos minutos que resume perfectamente la filosofía del protagonista. Repito, que nadie se pierda ‘Up in the Air’, y si no es mucho pedir, quiero leeros, quiero saber qué os ha parecido.

4

  • Otra crítica en Blogdecine:

‘Up in the Air’, sólida comedia con buenas interpretaciones y mejor guión



Goya 2010: ‘La vergüenza’, un drama bien desarrollado

Jan 29th, 2010 | By Beatriz Maldivia | Category: Blog de Cine

La vergüenza

De las películas nominadas a los Goya 2010 a la Mejor Dirección Novel, la única que me quedaba por ver y comentar era ‘La vergüenza’, de David Planell, protagonizada por Alberto San Juan, Natalia Mateo, Marta Aledo, Norma Martínez, Esther Ortega y Brandon Lastra. Ahora que ya la he visto, la situaría en lo más alto de esta lista de cuatro, aunque quizá por debajo de ‘Pagafantas’. Ninguna de las dos me pareció perfecta, pero ambas me contagiaron cierta emoción. Las otras dos, ‘Yo, también’ y ‘Tres días con la familia’ no merecen, en mi opinión, el premio por el que optan o, por lo menos, no tanto como las primeras mencionadas —en los tres enlaces anteriores, se pueden leer mis críticas—.

Como supongo que ya sabréis, ‘La vergüenza’ nos cuenta cómo un matrimonio urbanita y moderno, que tiene dificultades para concebir su propio hijo, adopta a un niño peruano ya mayorcito y con problemas de comportamiento. Las dificultades que les trae la educación de este chaval pueden influir en su relación y en sus estados de ánimo individuales, por lo que se plantean devolverlo, pero les da vergüenza reconocer que no son capaces de ocuparse de él.

La historia

Me gusta la maldad que de por sí encierra este planteamiento, ya que supone una crítica a la actitud que podríamos llamar “progre” o “bienpensante” de personas que necesitan creerse solidarias y políticamente correctas, pero no sólo para quedar bien ante los demás, sino incluso para sentirse así ante sí mismos. Pero por mucha acertada acidez que encerrase, esta observación no daría más que para un mero cortometraje: una conversación entre los miembros de la pareja y la entrevista con la trabajadora social. Así comienza ‘La vergüenza’, con una escena sumamente larga, rodada por completo en el interior de una vivienda y que consiste tan solo en una conversación inacabable. Cuando se ven estos primeros minutos da la impresión de que no va a haber más desarrollo y de que el film puede ser aburrido.

La vergüenza

Sin embargo, David Planell, que ya demostró ser un gran guionista con ‘Siete mesas de billar (francés)’, es capaz de ir más allá. Casi cualquier otro autor se habría quedado con esa noción y la habría estirado al mismo tiempo que daba vueltas al concepto. Por fortuna, Planell introduce nuevos elementos dramáticos y la película, gracias a ellos, sigue manteniendo, según avanzan los minutos, la capacidad de dar sorpresas y de ofrecer otras ideas en los que pensar. El drama está muy bien desarrollado, pues va aflorando según los ánimos se calienta y, finalmente, el punto de partida —la adopción— se queda en eso: en un punto de partida, como tiene que ocurrir, no en la única idea de la película. El sentimiento de vergüenza, al final, cobra muchos otros significados.

Aspectos técnicos

La realización y el montaje del film pueden ser los aspectos que menos interés revistan. Predominan dos interiores —los únicos exteriores están filmados de un plumazo y no duran en pantalla más de unos segundos— donde Planell no hace un lucimiento de elección de encuadres notorio ni saca especial partido al escenario, probablemente porque le importa poco y quiere centrarse en la dirección de actores y en la progresión del drama. La cinta se divide en grandes bloques, dominados por diálogos. Con todo ello, la sensación teatral de la película es enorme, casi excesiva. Quizá el paralelo que existe en la segunda mitad se podría haber dividido más para darle ligereza a las secuencias y una sensación de inminencia de los hechos que crease algo de tensión. El tratamiento de los tiempos no es acertado.

Los actores

En el inicio del film se perciben forzados y poco creíbles, especialmente San Juan, que en otras ocasiones ha retratado tan bien tipos pasados de vueltas e histriónicos, y que encaja peor en este papel comedido y realista. Sus reacciones, sus comentarios… no siempre son agradables de oír y no consiguen que sintamos simpatía por el personaje. Es posible que esto no estuviese en la intención del autor, pero enriquece el film, pues, al fin y al cabo, se puede empatizar con su causa, aunque nos caiga mal. El papel de Natalia Mateo es poco protagonista, sirve de apoyo y complemento al de él, que de esa forma tiene contra quién volcar todas sus emociones. Aunque está correcta en todo el film, sé que con otra actriz, ‘La vergüenza’ me habría gustado más. El retrato de los personajes parece no venir muy concretado de guión, sino que da la sensación de que se les ha dejado a los actores que lo dibujen ellos. Sea por ello o por otro motivo, el caso es que no se alejan de los tópicos lo suficiente.

Hacia el final, los actores protagonistas se van aclimatando a la temperatura de la narración y van quedando naturales. Puede que se deba a que el espectador se ha metido ya en la película y por ello se los cree más. Daría lo mismo si se debe a una causa o a otra, ya que lo importante es que en los últimos minutos, todo funciona sin problema. Gracias a eso, el sabor de boca que queda del film es bueno y permite una calificación superior a la que se preveía en la primera mitad.

Marta Aledo

Considero muy acertada la elección de la actriz que hace de trabajadora social, Marta Aledo (en la fotografía anterior). Interpreta con total credibilidad a estas personas que lo dicen todo con un tono amable, casi condescendiente, aunque te estén dando noticias negativas o dirigiendo comentarios hirientes. Es la mejor del elenco. A partir del momento en el que aparece, es cuando va empezando a interesar la historia. Norma Martínez, la peruana que interpreta a la asistenta, es una mujer muy seca y desagradable. Vuelve a ser mérito del guión que, a pesar de que no despierta ningún cariño, podamos sentir una identificación con su causa. El niño Brandon Alexander Lastra Cobos apenas está explotado. Lo que menos le ha importado a Planell es cómo se sentía o qué deseaba este personaje, está allí porque es necesario, como detonante de todos los demás problemas, pero no se explora su psicología y se desaprovecha aquí un elemento que podría haber dado bastante juego.

En conclusión, se trata de una película que parte de un buen concepto, que tiene un buen desarrollo del drama que narra, pero que se queda en menor, con su aspecto teatral o de cortometraje. No adolece de ningún defecto flagrante, pero tampoco está plagada de virtudes.

Mis críticas sobre otras películas nominadas a los Goya 2010 | ‘Celda 211’, ‘El secreto de sus ojos’, ‘Ágora’, ‘Gordos’, ‘Los abrazos rotos’, ‘After’, ‘Planet 51’, ‘Slumdog Millionaire’, REC 2’, Cortometrajes de ficción en imagen real, Cortometrajes de animación y Cortometrajes documentales.

Mi puntuación:

3